Cada foto publicada, cada cuenta creada y cada dato compartido en Internet deja una huella digital. En el caso de niñas, niños y adolescentes, esa huella puede convertirse en un problema que los acompañe durante gran parte de su vida.

Aunque solemos preocuparnos por el ciberacoso o el tiempo que los menores pasan frente a las pantallas, existe una amenaza menos visible pero igual de peligrosa: el robo de identidad infantil. Los ciberdelincuentes han descubierto que los datos personales de los menores tienen un enorme valor porque pueden ser utilizados durante años sin que nadie detecte el fraude.

En México, donde cada vez más menores utilizan dispositivos conectados y plataformas digitales desde edades tempranas, proteger su información personal se ha convertido en una tarea urgente para familias, escuelas y organizaciones.

¿Por qué los datos de los menores son tan atractivos para los delincuentes?

Cuando pensamos en robo de identidad, generalmente imaginamos a un adulto que descubre cargos desconocidos en su tarjeta o créditos solicitados a su nombre. Sin embargo, los menores también son objetivos valiosos para los ciberdelincuentes.

Desde edades tempranas, muchos niños ya cuentan con cuentas escolares, perfiles de videojuegos, servicios de streaming, aplicaciones educativas e incluso historiales médicos digitales. Toda esa información puede ser utilizada para cometer fraude.

La razón es simple: la identidad de un menor suele permanecer «limpia» durante años. Si un delincuente utiliza sus datos para abrir una línea de crédito o crear una identidad falsa, es posible que nadie detecte la actividad hasta que el joven alcance la mayoría de edad y solicite su primer crédito, una cuenta bancaria o un financiamiento. Para entonces, el daño puede llevar años de trámites y gestiones para corregirse.

Además, el crecimiento de herramientas basadas en inteligencia artificial facilita la creación de identidades sintéticas, una técnica en la que los criminales combinan datos reales con información falsa para generar perfiles aparentemente legítimos.

El panorama en México: más conectados, más expuestos.

La digitalización de la infancia avanza rápidamente en México. Cada vez más estudiantes utilizan plataformas educativas, aplicaciones móviles y servicios en línea para realizar tareas, comunicarse o entretenerse.

Sin embargo, esta conectividad también incrementa la superficie de exposición. Datos del INEGI citados por organismos de protección de datos muestran que más de la mitad de los adolescentes mexicanos entre 12 y 17 años ha experimentado alguna situación relacionada con ciberacoso, una realidad que demuestra la vulnerabilidad de este sector en los entornos digitales.

Por su parte, el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) ha impulsado diversas estrategias para fortalecer la seguridad digital de menores y prevenir delitos cometidos a través de Internet, reconociendo que las amenazas digitales forman parte de los desafíos actuales para la infancia mexicana.

El riesgo también está en casa.

Muchas veces el problema no comienza con un ataque informático sofisticado, sino con la información que compartimos diariamente.

Fotografías de cumpleaños, uniformes escolares, nombres completos, ubicaciones frecuentes o publicaciones sobre actividades familiares pueden parecer inofensivas. Sin embargo, para un ciberdelincuente representan piezas valiosas para construir perfiles detallados.

Este fenómeno, conocido como sharenting, ocurre cuando padres o familiares comparten información de los menores en redes sociales sin considerar las posibles consecuencias futuras. Una vez que esos datos llegan a Internet, es prácticamente imposible eliminarlos por completo.

A esto se suma el riesgo de filtraciones de datos en escuelas, plataformas educativas, hospitales, aplicaciones móviles o servicios en línea. Cada nueva cuenta creada representa un posible punto de exposición.

Señales de alerta que no deben ignorarse.

Detectar un posible robo de identidad infantil puede ser complicado, pero existen algunas señales que merecen atención:

  • Contraseñas que dejan de funcionar sin explicación.
  • Compras o cargos no reconocidos.
  • Notificaciones de accesos sospechosos a cuentas.
  • Pérdida de objetos virtuales o monedas en videojuegos.
  • Mensajes enviados desde perfiles del menor sin su autorización.
  • Rechazos inesperados al solicitar servicios financieros en etapas posteriores de la vida.
  • Comunicaciones relacionadas con deudas o créditos que nunca fueron solicitados.

Mientras más pronto se detecte una anomalía, mayores serán las posibilidades de minimizar el impacto.

¿Cómo proteger la identidad digital de los menores?

La protección de los datos personales de niñas, niños y adolescentes requiere una combinación de tecnología, educación y supervisión.

Algunas medidas recomendadas incluyen:

1. Compartir menos información.

Antes de publicar fotografías o datos personales de los menores, conviene preguntarse si realmente es necesario hacerlo. La minimización de datos sigue siendo una de las mejores estrategias de seguridad.

2. Utilizar contraseñas robustas.

Cada cuenta debe contar con una contraseña única y difícil de adivinar. Los administradores de contraseñas pueden facilitar esta tarea para toda la familia.

3. Activar la autenticación multifactor.

Cuando una plataforma lo permita, es recomendable habilitar la verificación en dos pasos para añadir una capa adicional de protección.

4. Revisar la privacidad de aplicaciones y redes sociales.

Muchas aplicaciones recopilan más información de la necesaria. Configurar adecuadamente los permisos puede reducir significativamente los riesgos.

5. Hablar de ciberseguridad desde temprana edad.

Los menores deben aprender a identificar mensajes sospechosos, intentos de phishing, enlaces fraudulentos y solicitudes inusuales de información personal.

6. Mantener dispositivos actualizados.

Las actualizaciones corrigen vulnerabilidades que podrían ser aprovechadas por ciberdelincuentes para acceder a información sensible.

La identidad digital también forma parte de la protección infantil.

La conversación sobre seguridad infantil en Internet suele centrarse en los contenidos peligrosos o en el ciberacoso. Sin embargo, la protección de la identidad digital merece la misma atención.

Los datos personales que hoy compartimos sobre nuestros hijos pueden seguir existiendo dentro de 10 o 15 años. Y si caen en manos equivocadas, las consecuencias podrían acompañarlos al inicio de su vida adulta.

En una era donde la información se ha convertido en uno de los activos más valiosos para los ciberdelincuentes, proteger la identidad digital de los menores ya no es una recomendación opcional: es una responsabilidad compartida entre familias, escuelas, empresas y autoridades.

Fuente web: https://www.welivesecurity.com/es/seguridad-menores/datos-menores-edad-riesgo-identidad-largo-plazo/